Al fin,
por atajos y sendas escondidas, llegaron a Barcelona, donde don Quijote y
Sancho vieron por vez primera el mar, del que admiraron su abundancia y su
enorme belleza. El verano tocaba a su fin, los días eran claros y Barcelona se
mostraba más hermosa que nunca, hospitalaria con los forasteros y amistosa con
todos. Un amigo de Roque, que se llamaba don Antonio y era muy rico, acogió en
su casa a don Quijote y a Sancho, pues había leído el libro de Cide Hamete y
quería disfrutar con las locuras de uno y las gracias del otro. Don Antonio y
sus amigos celebraron muchas fiestas en honor de don Quijote, le llevaron a
pasear por Barcelona y hasta lo montaron en una galera para que viese la ciudad
desde el mar. Siempre que se cruzaban con él, se inclinaban en una reverencia y
le regalaban los oídos como si estuvieran delante de un príncipe, y, aunque en
verdad lo hacían en son de burla, don Quijote se enorgullecía de verse tratar
tan a lo señor y pensaba que todo aquello era un premio por haber socorrido con
sus armas a tantos necesitados. Y así, pasito a paso, se fue acercando la
desgracia. Una mañana en que don Quijote se paseaba a orillas del mar, se le
acercó un caballero a lomos de un caballo, cubierto con una armadura y armado
con una lanza. Llevaba pintada en el escudo una luna blanca y brillante, y al
acercarse a don Quijote le dijo a gritos:
— ¡Escúchame,
ilustre don Quijote de la Mancha! Yo soy el Caballero de la Blanca Luna y vengo
a hacerte confesar que mi dama es mil veces más hermosa que Dulcinea del
Toboso. Si no lo confiesas, habré de luchar contigo. Y mis condiciones son que,
si te venzo, tendrás que dejar la caballería andante y retirarte a tu casa
durante todo un año; y, si soy derrotado, podrás decidir sobre mi vida y
quedarte con mi caballo y mis armas.
—Si
hubierais visto a Dulcinea — respondió don Quijote con mucha calma — sabríais
que no hay belleza comparable a la suya, así que acepto vuestro desafío.
De modo
que los dos caballeros se alejaron el uno del otro y luego comenzaron a correr
para embestirse con las lanzas. Y sucedió que el de la Blanca Luna topó contra
don Quijote con tanta fuerza que dio con él y con Rocinante en el suelo.
— Señor
don Quijote — dijo entonces, poniéndole al vencido la espada ante los ojos —,
confesad que mi dama es más hermosa que la vuestra o tendré que mataros aquí
mismo.
Don
Quijote respondió que así lo haría y, con esa promesa, el Caballero de la
Blanca Luna se entró en la ciudad a medio galope, rodeado por una nube de muchachos.
Tras llegar al mesón donde se hospedaba, se quitó la armadura, y aquella misma
tarde partió camino de la Mancha. Pues debes saber, amable lector, que el
Caballero de la Blanca Luna no era ni más ni menos que Sansón Carrasco, aquel
bachiller que había intentado derrotar a don Quijote haciendo de Caballero de
los Espejos. Llevaba mucho tiempo tras los pasos del hidalgo, y al fin lo había
encontrado y vencido. Y de esa manera había dado fin a su plan, pues don
Quijote ya quedaba comprometido a volver a su aldea, donde podría curarse y
recobrar el juicio.
Don Quijote de Miguel de Cervantes.
1.1 En
la lectura puedes descubrir cómo era Barcelona en el SXVII.
¿Qué te
ha sorprendido de la descripción?
1.2 En Barcelona, don Quijote cae derrotado ante el
Caballero de la Blanca Luna. ¿Por quién se baten en duelo?
1.3 ¿Cómo te imaginas a la bella dama Dulcinea? Explícalo
en un texto descriptivo de entre 10 y 15 líneas
1.4 Justifica el objetivo que tiene el Caballero de la
Blanca Luna.
1.6 Escoge una
escena que represente a cada una de las partes identificadas en la actividad
anterior y dibújala.

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